Estás imágenes nos pueden resultar inocuas y hasta tranquilas. Sin embargo cuando en La Pernia se desataban fuertes vientos, había más de una persona que se salía de su casa para sentirse más segura en la casa del vecino, del pariente o simplemente de quien se veía, a todas luces, que dada su construcción, podía resistir mejor el vendaval. Y no hablemos de los tremendos sustos que se llevaban aquellos que veían volar algún cabrio y sentían que todo se les venía encima.
Cómo olvidar ese sonido fúnebre del viento chocando en las paredes del cementerio o en los árboles del mismo, en momentos tan tristes como cuando se estaba enterrando a un ser querido¡. O el aire frío de los días invernales que te martillaba la cara cuál cuchillas afiladas penetrándote hasta los huesos...¡.
Por otro lado estaba la experiencia revitalizadora del aire reconfortante acariciándote la mejilla en los días calurosos del verano, mientras estabas trillando o cargando el carro de hierba y los rayos del sol aplastantes te doblaban la cerviz... O el que te ayudaba a la hora de beldar, para separar el grano de la paja... O el que acompañaba en las tardes estivales siendo parte del coloquio diario junto a la iglesia o la escuela...
Link to this comment:
All Comments (0)