Esta mañana amaneció lloviendo,
y no ha parado,
pero como es de las pocas mañanas que paso en casa
(pero hay más: es PRIVAMERA), no me la iba a pasar aquí sentado.
De machete amarra'o por la cintura, y tijeras de podar embolsilladas, salí a limpiar el trillo que he imaginado: entre Torii y riachuelo.
Ya está delineado, y más que imaginarlo, puedo caminarlo. De aquí en más es cosa de irlo mimando; lo iré acotejando, poco a poco, y será una delicia ir de aquí allá,
y luego regresar cansado, como quien ha ido muy lejos a estar donde hace mucho no ha estado.
Allá al final voy a montar un puente, de madera entretejida, que cruzará el riachuelo (la otra orilla será una pausa) para desde el otro lado contemplarlo, escucharlo, darme a la paz de su murmullo.
Y será, como en una apuesta de sol, que de regreso volveré casi agotado como quien viene de lejos.
Es pues que esta mañana de primavera lluviosa -y bajo mi paraguas negro- después de cruzar por debajo del Torii, he tomado el trillo, después de haberlo trillado, que da (al fondo del patio) con el riachuelo.
12:41 p.m.
8 de mayo, 2010
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