El Concierto para violín en Re mayor Op. 61 de Ludwig van Beethoven, escrito en 1806, es el único concierto del compositor para este instrumento. Es una importante obra del repertorio violinístico, y es frecuentemente interpretado y grabado hoy en día. Su duración aproximada es de 45 minutos.
Por otro lado, existe además una adaptación para piano y orquesta compuesta por el propiio Beethoven, denominada Op. 61a.
Historia
La obra se estrenó el 23 de diciembre de 1806 en el "Theater an der Wien" de Viena. Beethoven escribió el concierto para su colega Franz Clement, destacado violinista del momento, que anteriormente le había aconsejado durante la composición de su ópera Fidelio.
Se cree que Beethoven terminó el solo tan tarde que Clement tuvo que leer a primera vista una parte de su actuación. Quizás para expresar su disgusto, o para mostrar de lo que habría sido capaz si hubiera tenido tiempo para prepararse, Clement interrumpió el concierto entre el primer y el segundo movimiento, tocando una composición propia.
La obra no tuvo buena recepción por parte de los espectadores, y el concierto fue ejecutado pocas veces durante las décadas siguientes. La obra fue resucitada hacia 1844, 17 años después de la muerte de Beethoven, interpretada por Joseph Joachim y con la orquesta dirigida por Felix Mendelssohn.
Movimientos
El Op. 61 tiene tres movimientos: * Allegro Ma Non Troppo (re mayor) * Larghetto (sol mayor) * Rondo. Allegro (re mayor)
"Concierto para violín op.61", de Ludwig van Beethoven
Por Martín Llade
Antes de realizar un estudio del único concierto para violín escrito por el genio de Bonn, sería preciso detenernos en las circunstancias en que éste fue compuesto, en 1806, en plena efervescencia creativa de un autor que tan sólo cuatro años antes había escrito lo siguiente: "Cuán humillante resultaba que alguien estuviese junto a mí y escuchara el sonido lejano de una flauta sin que yo pudiese percibirlo o que oyesen cantar a un pastor, sin que yo pudiera hacerlo. Todo esto me puso de inmediato al borde de la desesperación y a punto estuve de poner fin a mi existencia. Sólo el arte me detuvo. ¡Ah! Me parecía imposible dejar este mundo sin haber llevado a cabo todo lo que me siento obligado a realizar".
Algunos biógrafos de Beethoven dan escasa credibilidad a las intenciones suicidas del compositor, manifestadas en Heiligenstadt, en las afueras de Viena, el 6 de octubre de 1802 en lo que ha sido considerado su primer testamento. A sus treinta y dos años, el músico más prometedor de su tiempo veía cómo con el avance progresivo de su sordera se le escapaba la posibilidad de vivir una vida normal. Sin embargo, en ningún momento se planteó el abandonar su música, que a partir de entonces sólo podría escuchar en su cabeza. Para él, la enfermedad sólo afectaría a su vida social, y apenas a su obra, que le reclamaba emerger de las profundidades de su imaginación y cobrar vida. Sea como fuere, en el testamento de Heiligenstadt el músico afirma haber renunciado ya a la idea de quitarse la vida, si es que realmente la tuvo alguna vez y, como prueba de la firmeza de este propósito, guardó el escrito entre sus papeles. Sólo tras su muerte pudo conocerse con precisión la naturaleza de la crisis por la que había atravesado y sus sentimientos al respecto. Como contrapartida, el hecho de refugiarse en su obra resultó un acicate tal que ésta experimentó una evolución sorprendente que haría temblar los cimientos de la historia de la música.
Los ecos de Heiligenstadt
Tan sólo unos meses después de Heiligenstadt, el genio comenzó a escribir una nueva sinfonía, que sería la tercera de su catálogo, concebida precisamente en las mismas fechas que escribiera el testamento. Pero algo se había roto en el camino entre la Nº 2 y ésta. El buen espíritu haydniano, que hasta ese momento fuera su guía, se disipa por completo en esta nueva composición en la que el sinfonismo romántico se manifiesta ya en todo su esplendor. Hasta ese momento, Beethoven se había limitado a enriquecer las formas clasicistas llevadas a su grado óptimo por Haydn y Mozart, insuflándolas de su propio sentimiento subjetivo. Así nacieron algunas obras ingeniosas pero superficiales como el Septimino (que el autor llegaría a aborrecer por la enorme popularidad que alcanzó, en detrimento de otros trabajos superiores) u otras de mayor calado como los tres primeros conciertos para piano, los cuartetos Op.18 o varias sonatas para piano, entre las que se encuentran la Patética y Claro de luna. Pero ...
Más información: http://www.orfeoed.com/grandeso/go107.asp
Intérpretes de este vídeo:
Yehudi Menuhin, violín
Constantin Silvestri, director
Wiener Philharmoniker
Hermoso!
SilverMika8 1 week ago
@SilverMika8 Me alegro de que te guste.
Un saludo
jcalvodiaz 1 week ago
cadencia espectacular. Conmueve
LUISLONDONO1 3 weeks ago
@LUISLONDONO1 Me alegro de que te haya gustado.
Un saludo
jcalvodiaz 3 weeks ago
magistral...
ocesse7 3 months ago
@ocesse7 Me alegro de que te haya gustado.
Saludos
jcalvodiaz 3 months ago