Guapa y vestida con su traje de gitana para la ocasión. Paseamos por el centro, vimos a los yayos y a la abu, y hartos de buscar un sitio para tomar un zumito, nos dimos la vuelta para ver cruces con Daniel y sus papis. Al final, y gracias a la genialidad del alcalde por eliminar la barra de las cruces, encontramos una recóndita cafetería donde pudimos tomar un zumo. Eso sí, ya eran las diez de la noche.
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