Perseverad en la oración
Hace aproximadamente un año se me acercó una joven angustiada por una situación en su hogar. Recuerdo que me pidió que orara por ella. Entonces allí, bajo aquel sol de Ponce oramos juntos con el cielo y la calle como nuestros testigos. Ya ha pasado un año y nuevamente me la encuentro en el mismo lugar en donde habíamos orado aquella tarde. Me dijo que la situación se había corregido y que su vida estaba muy bien. Luego me dio un abrazo... Uno de esos abrazos que cuando uno los siente sabe que son de profundo amor y agradecimiento.
Amados, la Palabra de Dios nos dice que oremos los unos por los otros y que lo hagamos sin cesar. CRISTO escucha todas nuestras oraciones, especialmente las que elevamos con profunda fe y aceptación. A veces me pregunto cuánta importancia ve Dios que tenemos cuando nuestra manera en la oración es apresurada y casi automática.
Se requiere esfuerzo para traer nuestros pensamientos y nuestros corazones a una atención y comunión profunda con Dios, pero no es imposible. Nuestras mentes deben ser entrenadas como los atletas para ese ejercicio vital que es el hablar con Dios en una base diaria. Es menester de cada creyente considerar las vidas de otros hermanos cuando hablamos con CRISTO, aún la vida de nuestros enemigos.
Mateo 5:44
Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen...
Por Serafín Alarcón
Diario de un Caminante / 9-9-2010
Ponce, Puerto Rico
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