Procurando que los sueños giren y sus orbitas de incidencia propicien la ensoñación del otro, Melissa danza sobre la rayuela que el pazo cebra insinúa en el asfalto. Mientras aquel desconocido conductor o transeúnte que aún conserva la candidez, el casi imperceptible deseo de jugar e infantiles recuerdos desdibujados por el smog, a la orden del semáforo, regresa a casa con el dulce sabor brindado por el ejercicio de la satisfacción del deseo.
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