Con un cierto tiritar en las pantorrillas se nos presentó Ivan en El Cairo con un año más. Y allí estábamos nosotros para celebrarlo, no sin otro cierto tembleque que cada uno colocó allí donde más le convino o pudo. El caso es que después de tanto temblequear de comida y bebidas el día pasó con la esperanza de tiritar otra vez el año que viene.
Un conunto maravilloso de personas humanas.
No digo más ná
Ea!
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