Nápoles 2/5

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Uploaded by on Mar 30, 2011

Palacios históricos y museos
Nápoles es particularmente famosa por sus castillos, palacios y museos.
El Castel dell'Ovo (Castillo del Huevo) es parte del bellísimo panorama del Golfo. Se llama así porque, según la leyenda, Virgilio habría escondido en el interior del castillo un huevo que soportaría la estructura del edificio, y que, de romperse, provocaría el hundimiento de la fortaleza, y que la ciudad sufriera grandes catástrofes.
Está situado en el islote de Megaride, donde en el siglo VII a. C. desembarcaron los cumanos que fundaron Parténope. El castillo era parte de la villa del romano Lucio Licinio Luculo, que fue fortificada por Valentiniano III y que albergó al depuesto Rómulo Augusto, último emperador romano, muerto poco después.
Lujosa villa en tiempos del Imperio, fortificada en el siglo V y arrasada por los propios napolitanos en el siglo X para evitar su captura por los sarracenos. Los aragoneses llevaron a cabo la última reestructuración significativa.
Más tarde el castillo fue reconstruido y restructurado por los normandos (1128) y por los españoles en sendas ocupaciones.
Actualmente, se permite la entrada al público. Se puede apreciar la majestuosidad de la fortaleza, la terraza con cañones y la muy característica villa marina al pie del castillo.
El Castel Capuano fue construido por Guillermo I de Sicilia, el primer rey del Reino de Nápoles fundado por los normandos. Su nombre se debe a que está en la ruta que conduce a la ciudad de Capua. Cuando el Sacro Imperio Romano conquistó el reino, la capital se trasladó a Palermo, deteriorándose el edificio a causa del abandono. Pero cuando la dinastía aragonesa conquistó el Sur de Italia y la capital volvió a Nápoles, y se comenzó una gran remodelación del castillo. En los siguientes 500 años, el edificio se utilizó como sede de los tribunales; en la actualidad ofrece un contraste arquitectónico notable, al encontrarse en las inmediaciones de la zona de rascacielos, el Centro Direzionale.
El Castillo Maschio Angioino (Torreón de los Anjou), también conocido como Castel Nuovo, fue construido entre 1279 y 1282 por Carlos I de Anjou, todo un récord, siendo el palacio real de su dinastía. En tiempos de Roberto de Anjou, uno de los más notorios mecenas de su tiempo, se hospedaron en el castillo grandes figuras de las artes y las letras, como Petrarca o Boccaccio, que escribió el Decamerón entre sus muros. De esta primera etapa no quedan restos, debido a la reestructuración inmediata a la llegada de los aragoneses.
El castillo posee cinco torres que son los puntos de unión de las gruesas murallas (Torre di Guardia, Torre di Mezzo, Torre di San Giorgio, Torre del Beverello y Torre dell'Oro), y un arco de triunfo de mármol (Arco d'Alfonso d'Aragona), el cual fue construido en el siglo XIII para celebrar la entrada de Alfonso I de Aragón en la ciudad el 26 de febrero de 1443. La sala central del castillo, es la monumental Sala dei Baroni (Sala de los Barones), así llamada debido a que en el año 1487 fueron arrestados en este lugar, los Barones que conspiraron contra Fernando I de Nápoles. Esta sala, en la actualidad, hospeda las reuniones del consejo municipal y el Museo Cívico. Otro episodio histórico destacable acaeció en 1504: tras conquistar la ciudad el Gran Capitán para la Corona de Aragón, ejerció de virrey, hasta ser desposeído del título por Fernando el Católico, con quien a pesar de sus conquistas (o precisamente a causa de ellas), mantuvo cierta enemistad. Prueba de ello es la historia de las Cuentas del Gran Capitán, que presuntamente transcurrió entre los muros de este castillo. Se considera que la reformas que Gonzalo Fernández de Córdoba inició en el ejército al poco de la conquista, constituyen el embrión de los Tercios, de los que cinco tuvieron su base en la ciudad. A propósito de esta circunstancia, circulaba un dicho:
España fue mi natura,
Italia mi ventura,
Flandes mi sepultura.
Parte del carácter militar del Nápoles de los siglos XVI y XVII se debió a la peligrosidad del Mediterráneo, infestado de piratas y corsarios de la Berbería. Aunque por supuesto, las tropas acantonadas en la ciudad contribuyeron en gran medida acosando embarcaciones árabes.
El Castel Sant'Elmo domina desde lo alto de la colina del Vomero desde 1275 por obra de Carlos I de Anjou. Fue completamente restaurado entre el 1538 y el 1546 por el ingeniero valenciano Pedro Luis Escrivá, siendo Virrey Don Pedro de Toledo. La base que anteriormente era cuadrada, desde entonces tiene forma de estrella. Este castillo fue escenario de la última y desesperada defensa de la República Napolitana contra la ocupación borbónica.

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