Para escribir un solo verso, hay que haber visto muchas ciudades, muchos
hombres y muchas cosas; hay que conocer a los animales, hay que haber
sentido el vuelo de los pájaros y saber qué movimientos hacen las flores al
abrirse por la mañana. Hay que tener recuerdo de muchas noches de amor,
todas distintas, de gritos de mujer con dolores de parto y de parturientas,
ligeras, blancas y dormidas, volviéndose a cerrar. Y haber estado junto a
moribundos, y al lado de un muerto, con la ventana abierta, por la que
llegarán, de vez en cuando, los ruidos del exterior. Y tampoco basta con
tener recuerdos. Hay que saber olvidarlos cuando son muchos, y hay que tener
la inmensa paciencia de esperar a que vuelvan. Pues no sirven los recuerdos.
Tienen que convertirse en sangre, mirada, gesto; y cuando ya no tienen
nombre, ni se distinguen de nosotros, entonces puede suceder que, en un
momento dado, brote de ellos la primera palabra de un verso.
Rainer Maria Rilke
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