En 1981 me metí en política por dos motivos, porque quiero mucho a mi tierra y no quiero verla con un yugo, doblegada por los pistoleros de ETA que todos los días convertían esta tierra en una hoguera de barricadas, en un charco de sangre y porque no me gustaba tampoco la forma de actuar de un pistolero verbal como es el señor Arzallus. El PNV no puede ser leal ni con la Constitución Española ni con nada que no sea el partido.
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