Si es que somos verdaderos místicos, no lo somos en el sentido estricto tradicional. Somos místicos sin tradición fija, místicos de una época donde las tradiciones se ajustan al ritmo de vida contemporánea. Místicos renovadores.
Somos místicos del camino y no de metas ya establecidas.
Judíos, cristianos, reformistas, islámicos; Oriente y Occidente.
La transición entre Oriente y Occidente creó un crisol de tradiciones, que culminó deshaciéndolas. Hay seres en el mundo, como un sólo pueblo, una Aldea Global llamada Tierra. En este sentido somos ciudadanos de un mismo planeta y del Universo.
Las iluminaciones que somos capaces de intuir tienen que ver con este presente, con este aquí y ahora.
El misticismo contemporáneo es estrictamente universal. Como lo fue siempre en su esencia. Es amorfo, transcultural, se gesta en las concepciones culturales pero las trasciende.
¿Adónde nos llevará esta nueva iluminación? No lo sé. ¿Tal vez a crear una nueva tradición con el tiempo?
Tradición y renovación juegan un juego interminable en el escenario del espíritu.
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