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Beato Ceferino Giménez, «El Pelé» (1861-1936) Testimonio de fe de un gitano mártir 2/3

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Uploaded by on Apr 24, 2010

Una vida de fe

Una muerte por la fe es la culminación de toda una vida de fe. No obstante su vida de gitano, dedicado al comercio, Pelé «iba a misa todos los días y rezaba el rosario (...). Muchas veces he oído decir en mi casa que iba diariamente a la misa y comulgaba», declaró un testigo en el proceso canónico. Y otros repitieron las mismas cosas: «En Barbastro, era el primero en las procesiones (...). Lo he visto a menudo con un gran cirio...».

Le gustaban, como buen gitano, las manifestaciones como las procesiones y las peregrinaciones; pero su espiritualidad se alimentaba en las fuentes de las instituciones que había entonces para los laicos: los Jueves eucarísticos, la Adoración nocturna, las Conferencias de San Vicente de Paúl. En 1926, cuando los capuchinos resolvieron fundar la Tercera Orden Franciscana en Barbastro, organizaron un triduo de preparación en la ciudad. El día de la erección de la T.O.F., se hicieron terciarios el obispo de la ciudad, 11 sacerdotes, 33 seminaristas y 114 laicos, entre los cuales el Pelé, que fue elegido como uno de los 10 consejeros de la fraternidad. La cuestión es significativa si se piensa que era gitano y analfabeto.

La fe del siervo de Dios se manifestó no sólo en su vida de piedad, sino en su amor al prójimo, en la rectitud y honradez en el comercio, y en la atención a los niños, sobre todo gitanos, que en esa época no eran objeto de una especial atención pastoral: «Reunía a muchos niños, gitanos o payos (es decir, no gitanos), y nos enseñaba a rezar, nos contaba historietas y nos daba la merienda». Otros testimonios: «Algunas veces nos reunía a su alrededor y nos llevaba fuera del pueblo; nos daba consejos y nosotros lo escuchábamos con mucha atención». «Exhortaba a los chicos a que respetaran los pajarillos y las hormigas (...), relataba historias de la Biblia (...). Hacia cantar canciones de la Iglesia».

Esa fe del siervo de Dios tenía, naturalmente, las características de la cultura gitana, pero también la profundidad de una espiritualidad con raíces sólidas: «Aunque (el Pelé) careciera de toda instrucción literaria por ser analfabeto, tenía, sin embargo, una gran formación espiritual: la vida espiritual le salía del interior». Una muestra de su profunda espiritualidad era su resignación cristiana y el hecho de que veía la mano de Dios en todas las cosas: «En los reveses de fortuna o en las desgracias, el siervo de Dios decía siempre: Dios lo ha querido, él lo sabe. Alabado sea el Señor».

Ceferino Giménez Malla, con su «muerte por la fe» y su «vida de fe», ha demostrado que Cristo está presente en todos los pueblos y en todas las razas, y que la santidad puede nacer en todas partes. La Iglesia reconoce en él a un hijo auténtico y fiel, un testigo de Cristo, un evangelizador de su propia gente (cf. Positio, p. 3).

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  • Ceferino "El Pelé" Jimenez fue en vida, un buen samaritano de la comunidad gitana.

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