El conde de Arribaxx y Soledad declama el poema LXIX de Tiempo Esencial.
En estallidos divagados
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En estallidos divagados
te recibo como afantasmada;
igualmente
-enfermo de amares-,
compro minutos
a besos interrumpidísimos.
Cada vez que se encarece la dicha de mis juegos
aúllo tus lágrimas silenciosas,
como un torrente alpino y perenne.
Qué felicidad el poderte recibir
como un ramo de libélulas;
el frío incomprensivo de la noche
es perfecto para abrazar tu(s) brillos(s).
Amaneces
como ensilenciada;
y anoche, no sucedió
lo que las praderas de mis poemas
(d)escriben tan pasionalmente.
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