La escenografía y el vestuario llevan el concepto geométrico del cubo al extremo. Es la utopía de Mondrian, la dictadura del Tetris, la anarquía del pixel. Los cuatro bailarines-coristas (dos chicas rubias, dos varones negros) sincronizarán su coreo gimnástica para "N.Y.C. Boy", "Closer to Heaven" y "Left To My Own Devices" con cráneos cúbicos, mientras sus cuerpos no le envidian nada al del pobre Michelín, quien al menos no sufría estos chichones de cubismo en su vestuario.
Pablo Schanton
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