Cuando la yuxtaposición que compone el conjunto presenta distintos tiempos para el ojo, toda simultaneidad queda sustraída, pues a pesar de que los fragmentos coexisten no se suceden. Es en ese punto preciso cuando se produce una experiencia no continua de la repetición. Se trata de una sucesión distinta, separada del discurso, que no niega y que no afirma nada, sino cuya consigna consiste en dejar jugar a los fragmentos entre la interrupción y la detención, sobre lo ilimitado de la diferencia.
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