Historia de la Iglesia Siglos XIX y XX 2ª parte 3/4

Loading...

Sign in or sign up now!
Alert icon
Upgrade to the latest Flash Player for improved playback performance. Upgrade now or more info.
747 views
Loading...
Alert icon
Sign in or sign up now!
Alert icon

Uploaded by on May 15, 2010

La guerra civil española se desencadenó principalmente contra la Iglesia, contra todas sus instituciones, contra todas sus personas, clérigos, religiosas o laicos, contra edificios, imágenes o vestigios de cualquier tipo.


Esta actitud sostenida durante los cinco años de la República y exacerbada en los últimos meses inmediatamente anteriores a la sublevación militar, hirió en lo más vivo los sentimientos de una gran parte del pueblo, tradicionalmente católico y que en la fe, en la doctrina y en la praxis católica encontraba las raíces y el sentido de su vivir, de su actuar y de su esperar. Se puede afirmar que ningún otro factor contribuyó tanto al enfrentamiento. El grito del periódico anarcosindicalista Solidaridad Obrera, el 16 de abril de 1936, La Iglesia ha de ser aniquilada, es suficientemente elocuente.

Es así perfectamente explicable que el entusiasmo religioso impulsase y acompañase al levantamiento militar y al pueblo que fue detrás de él, procedente de las zonas rurales, más religiosas y conservadoras. El calificativo de cruzada que los mismos obispos dieron a la guerra entre ellos Enrique Plá y Deniel- estaba perfectamente justificado, dígase ahora lo que se quiera. Los asesinatos de obispos, clérigos, religiosas y religiosos hasta la cifra aproximada de 7.000, acompañados de tormentos refinados, son un eterno baldón .


¿Se puede dudar de que muchas de las reivindicaciones de los proletarios eran evidentemente justas y de que la fe, a su vez, tiene que traducirse en justicia para con el pobre y el oprimido? Hubo movimientos obreros sindicalistas cristianos y hombres beneméritos en el trabajo social, pero fueron pocos. La Iglesia española no advirtió la gravedad del problema social y las exigencias cristianas que comportaba. Hubiera debido anticiparse a los marxistas en la defensa de los derechos de los proletarios y haber arrostrado todas las consecuencias.

Supuesto que esto no se hizo, y que la persecución contra la Iglesia y contra la concepción cristiana de la vida fue feroz hasta el salvajismo, no extrañará que, rotas las hostilidades, los obispos se pusieran de parte de los sublevados y legitimaran colectivamente el Alzamiento militar. Lo creyeron una obligación de conciencia. Lo hicieron expresamente mediante una carta, el 1 de julio de 1937. España dijeron- había entrado en una anarquía, el sistema democrático se había adulterado por las arbitrariedades del Estado, amenazaba de forma inminente una revolución comunista, ya no se buscaba el bien común, la justicia y el orden social, los valores y derechos religiosos eran vilmente conculcados, se habían agotado todos los medios legales.


La Iglesia no podía quedar neutral. El mismo Papa Pío XI, con su máxima autoridad, dedicaba, en su encíclica Divini Redemptoris (19 de marzo de 1937), un largo párrafo a condenar la barbarie marxista española, que no se ha limitado a derribar alguna que otra iglesia, algún que otro convento, sino que cuando le ha sido posible, ha destruido todas las iglesias, todos los conventos e incluso todo vestigio de la religión cristiana, sin reparar en el valor artístico y científico de los monumentos religiosos. El furor comunista no se ha limitado a matar obispos y millares de sacerdotes, de religiosos y religiosasy esta destrucción tan espantosa es realizada con un odio, una barbarie y una ferocidad que jamás se hubieran creído posibles en nuestro siglo.

Cuando se habla de las atrocidades cometidas en la zona roja, inmediatamente se arguye que también se cometieron en la zona nacional. Hay que confesar que es verdad. El odio acumulado y reprimido durante siglo y medio rompió todos los diques, y también los que se profesaban católicos, o al menos luchaban en lo que se llamaba cruzada, cometieron múltiples asesinatos, por motivos políticos o por venganzas personales y violaron los derechos más elementales de la persona.




Por encima de todo estuvieron los valores religiosos. En la zona nacional, las brigadas navarras rezaban el rosario cada noche. En la republicana ni siquiera los que favorecieran a la República, como el cardenal Vidal y Barraquer, se libraron de amenazas y, en el mejor de los casos, del exilio. De ahí que ningún otro colectivo como ahora se dice- haya sufrido tantas pérdidas como el clero. En el bando contrario, la masonería sería también víctima de represalias exageradas.

  • likes, 1 dislikes

Link to this comment:

Share to:
see all

All Comments (0)

Sign In or Sign Up now to post a comment!
Loading...

Alert icon
0 / 00Unsaved Playlist Return to active list
    1. Your queue is empty. Add videos to your queue using this button:
      or sign in to load a different list.
    Loading...Loading...Saving...
    • Clear all videos from this list
    • Learn more