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Luna Nueva: Capitulo 4 "El Despertar" (parte 8)

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Uploaded by on Oct 2, 2009

continuacion...

Incluso posiblemente fueran buenos chicos. Estaba a salvo, así que perdí interés.
—Bueno —repuso el rubio, tan seguro de sí mismo—, quédate a pasar el rato con nosotros.
—Gracias, pero no puedo —Jessica dudaba a media calle, con los ojos dilatados por la ira y la situación en la que la había metido.
—Vamos, sólo unos minutos.
Negué con la cabeza y dí media vuelta para reunirme con Jessica.
—Vámonos a comer —sugerí sin mirarla. Aunque por el momento, pareciera haberme liberado de la abducción zombi, continuaba igual de distante. Mi mente seguía preocupada. El aturdimiento falto de vida donde me sentía segura no terminaba de volver y me encontraba más llena de ansiedad con cada minuto que se retrasaba su llegada.
—¿En qué estabas pensando? —me reprochó Jessica—. ¡No los conocías, podían haber sido unos psicópatas!
Me encogí de hombros, deseando que ella dejara pasar el asunto.
—Es sólo que creí conocer a uno de los chicos.
—Estás muy rara, Bella Swan. Me da la impresión de no saber quién eres.
—Lo siento.
No sabía qué otra cosa responder.
Caminamos en silencio hasta el McDonald's. En mi fuero interno, aposté que Jess se arrepentía de no haber ido en el coche en vez de recorrer a pie aquel corto trecho desde el cine. Ahora era ella quien tenía unas ganas locas de que terminara aquella noche, tantas como había tenido yo en un principio.
Varias veces intenté iniciar una conversación durante la cena, pero Jessica no estaba de humor. Debo haberla ofendido de verdad.
Cuando regresamos al coche puso la radio en su emisora favorita y ajustó el volumen lo bastante alto como para impedir cualquier intento de conversación.
Esta vez no tuve que luchar con la intensidad habitual para ignorar la música. Tenía demasiadas cosas en qué pensar —ya que, al fin, mi mente no estaba tan cuidadosamente vacía y aturdida— como para fijarme en las letras.
Esperé a ver si regresaban el aturdimiento o el dolor; sabía que este último volvería tarde o temprano. Había roto mis propias reglas. Me había acercado a los recuerdos, había ido a su encuentro, en vez de rehuirlos. Había oído la voz de Edward con total nitidez y, por tanto, estaba segura de que lo iba a pagar caro, especialmente si no era capaz de lograr que la neblina regresara para protegerme. Me sentía demasiado viva, y eso me asustaba.
Pero la emoción más fuerte que en estos momentos recorría mi cuerpo era el alivio, un alivio que surgía de lo más profundo de mi ser.
A pesar de lo mucho que pugnaba por no pensar en él, sin embargo, tampoco intentaba olvidarlo. De noche, a última hora, cuando el agotamiento por la falta de sueño derribaba mis defensas, me preocupaba el hecho de que todo pareciera estar desvaneciéndose, que mi mente fuera al final un colador incapaz de recordar el tono exacto del color de sus ojos, la sensación de su piel fría o la textura de su voz. No podía pensar en todo esto, pero debía recordarlo.
Bastaba con que creyera que él existía para que yo pudiera vivir. Podría soportar todo lo demás mientras supiera que existía Edward.
Ésa era la razón por la que me hallaba más atrapada que nunca en Forks, y ése era el motivo de que me opusiera a Charlie cuando sugería cualquier cambio. En realidad, no importaba, sabía que él nunca iba a regresar a este lugar.
Si acaso me fuera a Jacksonville o a cualquier otro sitio igual de soleado y poco familiar, ¿cómo podría estar segura de que él había sido real? Mi certeza flaquearía en un lugar donde no fuera capaz de concebirlo, y no iba a poder vivir con eso.
Era una forma muy dura de vivir: prohibiéndome recordar y aterrorizada por el olvido.
Me sorprendí cuando Jessica estacionó el coche enfrente de mi casa. El viaje no había sido muy largo, pero aun así, nunca hubiera pensado que Jessica fuera capaz de pasarlo entero sin hablar.
—Gracias por haber salido conmigo, Jess —dije mientras abría la puerta—. Fue... divertido —esperaba que la palabra "divertido" le pareciera apropiada.
—Seguro —masculló.
—Siento mucho lo de... después de la película.
—Da igual, Bella —clavó la vista en el parabrisas en vez de mirarme a mí. Parecía que su enfado iba en aumento en vez de disminuir.
—¿Nos vemos el lunes?
—Sí, claro. Adiós.
Entré y cerré la puerta a mi espalda. Ella se fue sin mirarme siquiera.
La había olvidado del todo en cuanto estuve dentro de casa.
Charlie me esperaba plantado en el centro del vestíbulo, con los brazos cruzados con fuerza sobre el pecho y las manos cerradas en puños.
—Hola, papá —dije con la mente en otra cosa mientras pasaba a su lado rumbo a las escaleras. Había estado pensando en Edward durante demasiado tiempo y quería estar en el piso de arriba cuando aquello hiciera crisis.
—¿Dónde has estado? —me preguntó Charlie.
Miré a mi padre, sorprendida.

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Entertainment

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