Colinas sinuosas, que como cuerpos dormidos de mujer esperan la caricia de los ojos que los contemplan. Cipreses, pinos y olivos desperezándose hacia un cielo azul rompiente de hermoso. Pueblos perdidos entre viñas y olivos al amparo de castillos que con sus siniestras y mágicas formas, nos observan desde lo alto de una roca, cuajados de recuerdos y de historias. Tierra roja labrada en surcos esperando la mano tosca que la siembre, tan bien interpretada y reflejada por los Artistas Macchiaioli.
Livorno, joya del Tirreno, perla en un mar ardiente como sus gentes, abiertas al horizonte que los abraza y acoge. Renacimiento, arte, tantos nombres, Rafael, Leonardo, Miguel Ángel, Donatello, Bruneleschi. Ciudades que nos aplastan con sus piedras y sus leyendas: Lorenzo el Magnifico, Los Medici. Florencia tranquila y serena, a orillas del Arno nos espera con su Ponte Vecchio, donde Dante conoció a Beatriz y le regaló una rosa; Siena, San Gimigniano, la de las siete torres. Volterra....
Música de Mascagni, de Pucini.regalan nuestros oídos en los kioscos de los parques los domingos.Todo ello queda en nuestra retina impreso en una perenne fotografía y grabado a fuego en los corazones viajeros de quienes la hemos recorrido, amado y que no la olvidaremos jamás: Toscana.
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