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Las razones inconfesables de las guerras 1/2

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Uploaded by on May 8, 2011

¿En qué casos podría ser lícita? ¿Existe el derecho de autodefensa o de legítima defensa contra el enemigo exterior? La mayoría de países entiende que sí, puesto que en la mayoría de ellos hay un ministerio de la defensa aunque, curiosamente, no hay ninguno de ataque. Debate entre José María Mendiluce que trabajó en el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) desde 1980 hasta que fue nombrado Enviado Especial de la ONU a los Balcanes, en Diciembre de 1991, y desde esa posición dirigió la mayor operación humanitaria de la historia de Naciones Unidas; también tenemos con nosotros a nuestra compañera de Informe Semanal Ángela Rodicio, cuya carrera periodística como reportera de guerra queda plasmada en su libro La Guerra sin Frentes, de Bagdad a Sarajevo: memorias de una enviada especial; y nos reencontramos con el Arista Plástico Jorge de Los Santos quien la temporada pasada nos acompañó en muchas de nuestras mesas sobre Filosofía de Vida.
Decir una cosa y hacer la contrapuesta es una de las tareas más difíciles que pueda desafiar al cerebro humano. Esta contradicción insostenible puede generar toda suerte de torpezas y tarde o temprano hacer estallar el cerebro para cometer los más inauditos despropósitos.

Las razones para la guerra, durante toda la historia de la humanidad, inflamadas de mentiras, de subterfugios, pretenden convencer al autor y a sus circundantes de estar defendiendo los más nobles ideales. Jamás se declaran las verdaderas razones para someter los pueblos a la tragedia de la guerra. Pero la Historia, implacable, demuestra que en la inmensa mayoría de las guerras las causas inconfesables pretendían disfrazar la codicia desmedida del prepotente.
Ruanda 1994: ¿una experiencia de guerra revolucionaria?

El drama que se desarrolló en tierra ruandesa no debe sin embargo caer en el olvido. Los crímenes de guerra del FPR contra civiles hutus y la catástrofe sanitaria que tuvo lugar en los campamentos de Goma no pueden hacer olvidar la realidad de un genocidio y, ante todo, la importancia de la implicación francesa en esas masacres. Esta idea obsesiona a Patrick de Saint-Exupery desde su regreso del país. Trata de comprender qué intereses tenía Francia que defender al extremo de proteger y hasta entregar armas a los genocidas.

En un salón, Hubert Vedrine le explica la visión francesa del asunto: «al asumir mis funciones, me cuestioné la presencia francesa en Ruanda. Se me explicó que Burundi y Ruanda se habían unido a la familia franco-africana. No se les podía dejar abandonados».

En nuestros días, los «revisionistas» del genocidio ruandés prefieren ver esa carnicería que dejó más de 800,000 muertos como una serie de masacres interétnicas espontáneas. Sin embargo, interrogado sobre la cuestión por el Tribunal Penal Internacional, el jefe de los cascos azules presentes en Ruanda durante aquel período, el general canadiense Romeo Dallaire, respondió de forma extremadamente clara: «Matar un millón de personas y ser capaz de desplazar a tres o cuatro millones en tres meses y medio, sin toda la tecnología que se ha visto en otros países, representa una misión significativa. Eso exige datos, órdenes o al menos algún tipo de coordinación. Tenía que haber una metodología».

Una metodología militar. En su búsqueda de la verdad, Saint-Exupery se reúne con un suboficial francés. Este le habla de las «guerras sucias» del ejército francés, y menciona, con medias palabras, «el TTA 117, aquel reglamento interarmas que se forjó a finales de los años 1950 para la guerra de Argelia y que aún hoy permanece accesible en los archivos únicamente para quien tenga una autorización.

Sin que la palabra «tortura» sea mencionada ni una sola vez, ese reglamento condujo a su uso. Un círculo restringido de oficiales de la colonial lo utiliza aún como base de inspiración». Un ex alto responsable militar confirma la presencia de agentes clandestinos, de «contratados». Según él, «muy rápidamente, el escenario ruandés se vio invadido por los "bigotes". Las estructuras oficiales no controlaban nada ya».

Todo comienza durante la operación Noroit. Tomando como pretexto una supuesta ofensiva del FPR contra Kigali, Paris despliega dos compañías del 2do REP «para proteger la ciudad». Durante la noche se oyen disparos en la capital, lo cual acredita la idea de una amenaza exterior. Un oficial francés, que testimonió más tarde ante la Misión parlamentaria de Información, cuenta: «ese cuento era ridículo.

Los que nos disparaban eran nuestros «amigos» de las fuerzas armadas ruandesas. Las autoridades los habían desinformado. En efecto, la supuesta entrada de los rebeldes en Kigali no era más que una manipulación». La manipulación permite a Francia desplegar tropas de elite... que no retirará.

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News & Politics

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