Mi padre era coleccionista de sonidos agradables. Le agradaba, por ejemplo, el ruido que hacía un pequeño cristal al quebrarse, clac, y el crepitar del tabaco dentro de una pipa de roble. También sus propios pedos después de cenar chorizo pamplonica, y las gotas de la lluvia cayendo en un cuenco. Pero más que ninguna cosa le agradaba reventarme a golpes la espalda con el dominical de El País enrollado. Los domingos el periódico traía muchas páginas y, según él, eso producía una acústica inmejorable.
que payasadaaa
luisanibalvr 2 years ago
me encanto!!!
carabandunga 4 years ago