Dieciséis millones de mujeres trabajan fuera de sus hogares en México y constituyen 40 por ciento de la población económicamente activa, según datos oficiales. Detrás de esas cifras persiste una realidad cotidiana de desigualdad salarial, precariedad laboral -con 56 por ciento de las mujeres ocupadas en el sector informal- y agresiones sexuales y psicológicas.
En ese escenario, las microempresas y los proyectos de autogestión son una alternativa fundamental, como demuestra Mitz (Para ti, en lengua náhuatl), una cooperativa de artesanas de Palo Solo, un barrio marginal que a partir de desechos industriales y con base en una técnica indígena de trenzado, elabora bolsos y otros muchos accesorios, que comercia internacionalmente. Las ganancias permiten sustentar la economía familiar de las participantes y financiar una escuela con unos 2.500 alumnos.
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