Al otro lado del mundo todo es surreal,
las cosas no son lo que parece
cuando no eres quien las padece.
El miedo empieza a sentir vergüenza de sí mismo
en cuanto recordamos que estamos aquí para morir
y lo asumimos mientras nos metemos las manos en los bolsillos
y echamos a caminar por el laberíntico sendero de la vida.
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