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Un accidente laboral ha puesto al descubierto la situación de muchos ilegales. En la localidad valenciana de Gandía un empresario ha abandonado, a su suerte, a uno de ellos tras perder un brazo en una panificadora. La máquina de amasar pan se lo segó.
En la panificadora continuaron como si nada hubiera pasado. Limpiaron la sangre y se deshicieron del brazo, sin dar opción a un posible reimplante. A la víctima, un hombre de origen boliviano, que llevaba dos años trabajando sin contrato y por 23 euros al día, en una jornada de 12 horas, le dejaron solo cerca de un hospital. El empresario lo ha negado todo, menos que se encontraba en situación ilegal.
(10-06-2009)
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