Y lo que pasa es que me descubro, en la casa de mi hermano Gregorio Echeverría, donde el ritual del mate se cumple como si estuviéramos cebándolo en las praderas rioplatenses rodeados de cuacos, guitarras, vigüelas y gente de juerza acreditada pal cuchillo que apacigua sus demontres con el conjuro del malambo y las coces de sus boleadoras, y me topo con un trinchón que, al igual que yo, no puede medir su vida con pesos y centavos sino con utopías y sueños justicieros, con verbo de alto voltaje, de mucho nervio y mayor ingenio, que combustiona las conciencias con el arma de sus versos insumisos, hecho no menor, por lo cual me siento halagado que me haya procurado con su amistad y franqueza el favor de su privanza, y quizá también porque convengamos en otra cosa: somos parte del mismo árbol, selecto grupo de locos, que lucha contra la corriente, y que esto exige siempre el estar más preparados. Y bueno, volviendo como el gaucho, corcoveando el potro por los comienzos de este relato, todo viene a razón porque durante una visita por una semana a la tierra de los gauchos, durante dos días filmograbé a Gregorio y de ahí este documental a propósito de sus 50 años como escritor.
Guillermo, serán bosques o serán frondas lo cierto es que en esa enrramada de fantasías que es el mundo de Gregorio yo compartí con el su sapiencia e intensa ebullición como ser humano, y sí, como hermosamente lo dices, creo que nuestras elecciones han sido acertadas, como, lo supongo, la tuya también lo es. Saludos.
saldeubas 5 months ago