Tania Galindo (lic. En Estudios Latinoamericanos), quien dirige el laboratorio de butoh El caldero, apunta algunas correcciones respecto de la manera en que esta forma de danza fue una vanguardia porque retomó recursos artísticos del Bauhaus para lograr la disolución de los cuerpos como figuras y su exposición como energía en movimiento; a partir de la experiencia japonesa, fue primero la necesidad de salir a las calles y mostrar, no algo oscuro y secreto, sino algo evidente y claro: el odio y la devastación. Esos cuerpos fragmentados escenifican su vivencia y su búsqueda; sólo quince años después de la bomba atómica, esta necesidad deviene arte; el recorrido es complejo.
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