El apóstol Pablo se quedó asombrado de aquellos gálatas que al poco de haber recibido y creído en el Evangelio, con tanta facilidad, o con tanta rapidez, habían desertado de la verdadera fe, y todo por escuchar y recibir las doctrinas heréticas de los falsos maestros de aquel entonces.
Aquellos gálatas se confesaban cristianos, pero al poco seguían un evangelio diferente o añadido, y con excelsa claridad y rotundidad Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, concluye diciendo que anatema -- es decir, maldito -- es todo aquel que anuncia un evangelio añadido (Gr. lit.)
¿Exageraba Pablo? No lo creo. Pablo escribía inspirado por el Espíritu de Dios (2 Ti. 3: 16)
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