PASOS - NOEMI LAPZESON

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Uploaded by on Jun 26, 2010

En su actual visita a la Argentina, Noemí Lapzeson trae con su compañía suiza dos de sus obras más recientes a la sala Cunill Cabanellas del San Martín. Un solo y un trabajo grupal, para seis intérpretes: Pasos y Corazón .

Pasos que no se dan; corazón sin sangre. Entre las dos piezas puede afirmarse de qué modo la coreógrafa argentina -que integró la compañía de Martha Graham en Nueva York y ya en los 80 estaba radicada en Ginebra- entiende hoy la danza: en materia de técnica y movimiento, lo que ocurre pareciera estar más hacia adentro que como despliegue de formas externas.

Romina Pedroli (otra argentina en Suiza) es una musa para Lapzeson. En 2007 estuvo en escena en el Alvear, cuando trajo Eidos ; ahora hace Pasos , el solo de 20 minutos que corre el imaginario telón de la sala del tercer subsuelo, una intimidad intervenida cada tanto por el temblor del subte B. En verdad, se sabe que la que está en escena es ella porque así lo dice el programa, pero no se la podría distinguir, excepto que se le conozca en detalle la espalda. Es esa masa muscular que se mueve a las dos orillas de su contorneada columna, la que -puntualmente iluminada- busca expresarse. La falda es todo; en ella, Pedroli se apoya y también se hunde; el vestido la contiene, la sostiene, y su cola es tan larga que recorre todo el escenario hasta dar con los pies del espectador de la primera fila. De espaldas, su espalda (hasta sin cabeza) se expresa sobre un logrado trabajo sonoro que en escena compone el minimalista Gabriel Scotti. Y si bien está ese par de piernas, los pies no tocan el suelo ni dan un "paso" hasta que no se pierde en el apagón del final.

Tras un veloz cambio escenográfico, de algunas sillas y bancos, Corazón pone en relación a seis intérpretes con un poema del dramaturgo Heiner Müller, que resulta tronco y fibra íntima de la obra, sin que sea esta una representación en movimiento de aquél. Un corazón a los pies, un corazón ladrillo, un corazón extirpado, uno o varios seres descorazonados.

Mayormente en francés, las frases que se oyen durante toda la obra tienen la evidente intención de no ser alcanzadas, del todo escuchadas ni comprendidas (pero más se escapan aún para esta platea que, de pronto, se vuelve tan extranjera). Pero aunque esté llena de palabras, no hay una propuesta narrativa en el devenir de esta coreografía. En español, los versos de Müller que en el transcurso del trabajo se descomponen, camuflan, suenan bajitos o ya sea atravesados por un martilleo metálico o en voz más alta, llegarán literales al final. En su largo transcurso, una tensión sin tregua se mantiene entre secuencias que se repiten, miradas aéreas, poses reflexivas, brazos que caen con peso muerto; unísonos, dúos, movimientos mecánicos, maquinales, programados. Corazón es inquietante, pero con esa cierta ausencia de emoción no late.

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