La violencia siguió el 7 de julio en Urumqui, en el noroeste de China, donde las autoridades decretaron el toque de queda tras dos días de manifestaciones de musulmanes uigures, las más sangrientas registradas en territorio chino en décadas, que causaron al menos 156 muertos. Imágenes de un hospital de Urumqi y de la presencia de las fuerzas del orden chinas en la Plaza del Pueblo de la capital de la región de Xinjiang.
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