El Coronel lleva más de cincuenta años esperando que su eternamente precaria situación cambie y ello radica en recibir una carta que contenga su pensión, sin embargo, ésta nunca llega, pese a que cada viernes él se viste con le único traje que le queda para poder recibirla.
Él y su esposa viven en un alejado pueblito donde el olvido y la desolación se respiran en el ambiente. De todos esos años, tanto a la esposa del Coronel como a él mismo, les queda la espera y el dolor de un hijo muerto, así como la presencia de una mujer que también amaba al Coronel.
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