Corría el verano de 2002, si mal no recuerdo, nuestras vidas eran muy diferentes, nos acercábamos a la montaña timidamente, y como la inmensa mayoría, aprovechábamos los fines de semana, y el verano para forjar nuestro carácter montañero. Nuestro mundo era analógico, nuestro espíritu, no.
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