El comedor social de la calle La Noria, al que tanto amor dedican las hermanas de La Milagrosa, está a punto de quedarse sin comida. Desde que la crisis aprieta ha aumentado de forma significativa el número de personas que van a comer, tanto que suelen quedarse hasta cincuenta en la puerta. Las hermanas se sienten solas... y es que se gastan, incluso, su pensión para poder hacer frente a los pagos. Ojalá hubiese más gente como ellas.
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