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Los 3 Angeles 3 de 4

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Uploaded by on Sep 18, 2010

¿Y cuáles son los frutos del Espíritu? Gálatas 5:22, 23 nos dice: "Pero el fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio..." y otros frutos de naturaleza superior, la celestial. Nuestra carne pecaminosa produce cierta clase de fruto (Gálatas 5:19-21), y el Espíritu Santo produce otros tipos de fruto (Gálatas 5:22, 23). "La voluntad del hombre es agresiva, y constantemente se esfuerza por someter todas las cosas a sus designios. Si se alista del lado de Dios y del bien, los frutos del Espíritu aparecerán en la vida; y Dios ha señalado gloria, honra y paz a cada persona que obra el bien". [2] "La santificación espuria, con su jactancioso espíritu de justicia propia, es extraña a la religión de la Biblia. La mansedumbre y la sumisión son frutos del Espíritu. El profeta Daniel fue un ejemplo de auténtica santificación. Su vida fructífera se caracterizó por un incondicional servicio al Maestro. Fue una persona muy amada por el cielo (véase Daniel 10:11), y se le concedió una honra tal que raramente ha sido otorgada a los mortales. Además, la pureza de su carácter y su fidelidad a toda prueba era igualada únicamente por la sumisión y contrición que lo caracterizaban". [3]

"Nuestra vida debe proceder de la cepa. Únicamente como resultado de una unión personal con Cristo, de una comunión con él día tras día y hora tras hora, podemos llevar los frutos del Espíritu Santo". [4] Si nos relacionamos diariamente con Cristo por medio de una entrega en oración, produciremos los frutos de una nueva naturaleza, los frutos que no agradan al mundo. "Solamente un día es nuestro, y en él hemos de vivir para Dios. Por ese solo día, mediante el servicio consagrado, hemos, de confiar en la mano de Cristo todos nuestros planes y propósitos, depositando en él todas las cuitas, porque él cuida de nosotros. 'Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis' (Jeremías 29:11). 'En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza' (Isaías 30:15)".
"Si buscamos a Dios y nos convertimos cada día; si voluntariamente escogemos ser libres y felices en Dios; si con alegría en el corazón respondemos a su llamamiento y llevamos el yugo de Cristo que es yugo de obediencia y de servicio, todas nuestras murmuraciones serán acalladas, todas las dificultades se alejarán, y quedarán resueltos todos los problemas complejos que ahora nos acongojan". [5]




Únicamente produciremos frutos del Espíritu si éste transforma nuestra vida. En caso contrario, los frutos serán los de la vieja naturaleza, los que llevan a la perdición, porque son actos pecaminosos.




"Sin mí nada podéis hacer" (Juan 15:5)

Sin estar ligados a Jesús seremos incapaces de producir los frutos del Espíritu, y reproduciremos otros frutos, los que son de Satanás. Si estamos unidos al tronco de la vid, que aquí representa a Jesús, seremos una rama de la vid y no de alguna otra planta. Y en este caso produciremos uvas. Pero, ¿hay otras posibilidades? Si las hay, ¿cuáles son?

Antes de ser ramas de la vid, fuimos alguna otra clase de planta. No estábamos unidos a la vid, ni producíamos uvas. Éramos plantas que producíamos frutos malos, para muerte. Entonces Jesús nos encontró produciendo frutos de muerte. Y surgió una corriente de atracción y simpatía entre nosotros y Él. Entonces, ¿qué hizo Él, o sea, qué hizo el Espíritu Santo? Nos transformó. ¿Y cómo lo hizo? Siguiendo con la ilustración, Él nos arranca con raíz y todo, corta las raíces que representan el interés por las cosas de este mundo y que toman del suelo de pecado sólo savia mala. Al resto de la planta la transforma en un sarmiento de la vid. La transformación significa un cambio en la genética espiritual, de una naturaleza pecadora a otra naturaleza santificada. Y hace más aún, injerta en esa rama transformada a sí mismo, por el amor que nos tiene. Así somos una rama de Jesús, produciendo, ya no el antiguo fruto, sino uvas nobles para el jugo de la vida.

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