Estas que parecen plantas están hechas del caucho de llantas de desecho que de esta forma adquieren vida propia, suficiente para provocar la admiración de miles de visitantes que llegan a este rincón perdido de la ciudad, enmedio de ruinas de hace cuatro siglos, bajo el sonido intenso de las campanadas del reloj de la torre latinoamericana, cláxones pitando entre las calles aledañas y parejas unidas en un diminuto trozo del tiempo en la inmensidad de nuestra vieja ciudad
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