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Luna Nueva: Capitulo 4 "El Despertar" (parte 1)

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Uploaded by on Sep 27, 2009

Capitulo 4

El Despertar

El tiempo pasa incluso aunque parezca imposible, incluso a pesar de que cada movimiento de la manecilla del reloj duela como el latido de la sangre al palpitar detrás de un cardenal. El tiempo transcurre de forma desigual, con saltos extraños y treguas insoportables, pero pasar, pasa. Incluso para mí.


Charlie pegó un puñetazo en la mesa.
—¡Ya está bien, Bella! Te voy a enviar a casa.
Levanté la vista del lpto de cereal —encima del cual cavilaba más que comía— y contemplé horrorizada a Charlie. No había atendido a la conversación, más bien, ni siquiera era consciente de que estuviéramos teniendo una, y no estaba muy segura de lo que me decía.
—Ya estoy en casa —murmuré, condida.
—Voy a enviarte con Renée, a Jacksonville —aclaró él.
Charlie me miró, exasperado, mientras yo intentaba comprender el sentido de sus palabras, con lentitud.
—¿Qué quieres que haga? —vi cómo se crispaba su rostro.
Me sentí fatal. Mi comportamiento había sido irreprochable durante los últimos cuatro meses. Después de aquella primera semana, que ninguno de los dos mencionaba jamás, no había faltado un solo día a la escuela ni al trabajo. Mis notas calificaciones magníficas. Nunca había roto el toque de queda, aunque no había ningún toque de queda que romper si se tenía en cuenta que no salía a ninguna parte y eran raras las ocasiones en que trabajaba en la tienda fuera de mi horario.
Charlie me contempló con cara de pocos amigos.
—Es que no haces nada. Ése es el problema. Nunca haces nada.
—¿Acaso quieres que me meta en problemas? —le pregunté al tiempo que alzaba las cejas con perplejidad. Hice un esfuerzo para prestar atención, pero no era fácil. Estaba tan acostumbrada a mantenerme aparte de todo que mis oídos zumbaban.
—¡Tener problemas sería mejor que... que este arrastrarse de un lado a otro todo el tiempo!
El comentario me dolió un poco. Me había esforzado por evitar cualquier manifestación de taciturnidad, y eso incluía no arrastrarse.
—No me arrastro.
—Palabra equivocada —concedió de mala gana—. Arrastrarse sería mucho mejor, porque ya sería hacer algo... Es sólo que estás... sin vida, Bella. Quizá ésa sea la expresión adecuada.
Esta vez la acusación dio en el blanco. Suspiré e intenté imprimir una cierta animación a mi respuesta.
—Lo siento, papá —mi disculpa sonó algo inexpresiva, incluso para mí. Pensaba que estaba consiguiendo engañarle. El único motivo de aquel intento era evitar que Charlie sufriera. Era deprimente descubrir que el esfuerzo había sido en vano.
—No quiero que te disculpes.
Suspiré.
—Entonces, dime qué quieres que haga.
—Bella, cariño... —vaciló antes de seguir hablando mientras evaluaba mi reacción ante sus próximas palabras—. No eres la única persona que ha pasado por esto, ya sabes.
—Lo sé —la mueca que acompañó mi respuesta fue desganada e inexpresiva.
—Escucha, cielo. Creo que... que quizás necesites algún tipo de ayuda.
—¿Ayuda?
Hizo una pausa para volver a elegir las palabras adecuadas.
—Cuando tu madre se fue —comenzó al tiempo que torcía el gesto— y te llevó con ella... Bueno, realmente fue una mala época para mí —respiró hondo.
—Lo sé, papá —musité.
—Sin embargo, me sobrepuse —señaló—. Cariño, tú no lo estás haciendo. He esperado pensando que mejorarías con el tiempo —me miró fijamente y luego bajó la vista con rapidez—. Pero creo que los dos sabemos que esto no está mejorando.
—Estoy bien.
Me ignoró.
—Quizás... Bueno, tal vez si hablaras del tema con alguien..., con un profesional...
—¿Quieres que me vea un loquero? —mi voz se iba volviendo más aguda conforme veía hacia dónde quería ir.
—Podría ayudar.
—Y también podría no servir para nada.
No sabía mucho sobre psicoanálisis, pero estaba bastante segura de que no funcionaba a menos que el paciente fuera relativamente sincero, y estaba segura de que me iba a pasar el resto de la vida en una celda acolchada si contaba la verdad.
Examinó mi expresión obstinada y eligió otra línea de ataque.
—No está en mis manos, Bella. Quizás tu madre...
—Mira —le dije con voz inexpresiva—. Saldré esta noche si quieres. Llamaré a Jess o a Angela.
—Eso no es lo que yo quiero —protestó, frustrado—. No creo que pueda soportar ver cómo intentas esforzarte aún más. No he visto a nadie intentarlo tanto. Duele verlo.
Fingí no haberle entendido y clavé la vista en la mesa.
—No te entiendo, papá. Primero te enfadas porque dices que no hago nada y luego me dices que no quieres que salga.
—Quiero que seas feliz. No, ni siquiera eso. Sólo quiero que no te sientas tan desgdichada, y creo que te resultará más fácil lejos de Forks.
Mis ojos llamearon con la primera pequeña chispa de sentimiento que él había contemplado en mucho tiempo.
—No pienso irme —dije.

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