No comen porque tengan hambre, tampoco lo hacen porque les guste lo que tengan delante. Comen porque cada célula de su cuerpo les pide hacerlo a todas horas y desde el día que nacieron, sufren el Síndrome de Prader-Willi. Si yo le digo enfermedad de Prader-Willi ¿a usted le suena esto a algo?... Nos acompaña Víctor y sus padres que luchan, cada minuto de su vida, por plantarle cara al Síndrome de Prader-Willi.
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