Salida del cortejo nupcial, en la recreación de las bodas de Felipe II e Isabel de Valois, que tuvo lugar en el Palacio del Duque del Infantado, en Guadalajara.
La boda se celebró por poderes el 22 de junio de 1559, en la catedral de Notre Dame de París, representando al novio el todopoderoso duque de Alba. Al ser costumbre en la corte francesa acostar a los desposados en la noche de bodas y faltar el novio, tuvo que ser su representante quien realizara el acto. Para ello, don Fernando llegó a la alcoba regia, hizo una reverencia a los invitados presentes y tomó simbólica posesión del tálamo colocando una pierna y un brazo sobre la cama donde observaba la joven Isabel. Con motivo de las fiestas celebradas se produjo un luctuoso episodio ya que en una justa entre Enrique II y el caballero Montgomery, la lanza de éste se parte y se introduce en el ojo del rey, lo que provocará su muerte diez días después.
El 6 de enero de 1560 llega el séquito de Isabel a Roncesvalles, dirigiéndose a Guadalajara donde la espera Felipe. El 2 de febrero se celebra la misa de velaciones y los esposos se encierran en la cámara nupcial, sin dar tiempo al obispo de Pamplona de bendecir el tálamo, lo que tuvo que hacer desde la puerta. Resulta fácil imaginar que aquella noche nada ocurrió ya que la reina tenía trece años y aún jugaba a las muñecas por lo que se decidió posponer la consumación del matrimonio, a pesar de las reticencias de Felipe.
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