Parte final de esta gran comedia negrísima de Berlanga donde el papel del verdugo se transforma en víctima (realmente parece y actúa como si fuera otro condenado a muerte), rodado con un ligero movimiento ascendente de la cámara para destacar esos dos grupetos que caminan hacia una puerta que desde la lejanía parece minúscula y es que Berlanga termina la cinta como la empieza, con una ejecución, mostrando en la primera los momentos posteriores y en esta final los anteriores al acto en sí, acto que Berlanga no quiere ni necesita rodar para firmar y transmitir una sentencia del horror.
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