Un año después del primer Feliz Exilio, un monstruo enorme de luz y sonido que se activaba con la aparición del espectador saliendo a su paso con un gran estruendo, nos hemos venido a refugiar en los servicios de la tercera planta, muy cerca de donde aquella otra vez, pero ahora para invertir las reglas.
Esta Sala de Aguas permanecerá constantemente vertiéndose, ajena a todo lo demás, como una avería sin reparar, como una fuga incontrolable. Al espectador en esta ocasión no se le espera en reposo para sorprenderle al acercarse, muy al contrario su presencia activa no puede más que anular el sutil sonido de las gotas al caer y que para poder ser percibidas exigirán su absoluta quietud y silencio.
Maite Camacho
y Alfredo Morte
www.maitecamacho.net
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