Ligereza que mandas a mudar mi alegría, ¿por qué en la lengua suelta estás tú?, no te das cuenta acaso que desunes mi alma de mi corazón, eres el marchito de esta ilusión, en la tibia duda de mi rabia y ceguera, he condenado ha quien me daba la felicidad,
Sordos oídos prestos estabas a la verdad, te negaste ha escuchar una verdad y ahora es la culpa que me ha puesto en esta situación, talvez el orgullo como siempre a mi lengua se unió, causando este mal de lamento y angustia pasajera, remordimiento que en el alma estas, ya vasta inclinado te lo pido, no estoy acostumbrado al ruego ni al perdón, acepto mi culpa en el hueso y lomo lo sostengo, pero busco rescatar la aclaración de mi culpa, que en un día muy oscuro y frió yo te condene, vuelvo a repetir postrado si es posible, la disculpa y perdón por el daño que te cause.
Autor: Alexander J, Gmarra Padilla
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