texto de Francisco Avendaño sacado del libro Biografía del Instante, de Hongos Paginales edita.
Realización visual: Fernando Ramos
La verdad es esta, (D)ios, cansado de ser el (V)erbo que sólo conjugan los hombres optó por una de las numerosas formas del suicidio y se retiró al vacío de su creación. Sólo quedó la palabra, directa flecha que indica y dibuja los caminos de la nada. Un hombre que escribe es un (d)ios que juega a perderse en su obra. ¿Será necesario disfrazar los fantasmas? La vida es una sola noche repetida en el espejo de los otros, por la hendidura de un libro se ilumina la promesa de una huida. ¿Cómo confundir entonces la biblioteca con llave o salida de emergencia si en las hojas se repite el fugitivo? Si es en verdad como supone el hijo que cuando fuera grande quería ser escritor y (D)ios ha abandonado su obra para que ésta pueda crear y que ese invento, ese cuento mal contado que somos, reclama que (É)l regrese a borrarnos, a arrancar la última página y comprimirla hasta sentir la resistente fuerza de una hoja de papel, pocas oraciones podrán salvarnos.
El mundo se acaba cuando el (e)scritor desconfía de su obra, cuando su primera inocencia parece una ingenuidad sin preguntas, reconoce demasiados recursos repetidos, lo confunden los contornos de la retórica, entonces decide, como siempre, lo más justo y razonable, deshacer su obra, crear un (u)niverso que no conozca el espacio que ocuparon las cosas en un mundo anterior a su sueño y su imposible memoria.
Fotografía final del paisaje:
El cielo circular apenas iluminado en sus bordes,
noticias de luz
desde el fondo del tacho.
Marcos Cáceres, Genetic Apocalypse y otras leyendas del videojuego Iruya, diciembre de 2001.
texto de Francisco Avendaño sacado del libro Biografía del Instante, de Hongos Paginales edita.
Realización visual: Fernando Ramos
andresarga 1 year ago