Para que la Iglesia continúe estando presente con su mensaje en el gran areópago de la comunicación social como lo definía Juan Pablo II y no se sienta extraña en los espacios en los que innumerables jóvenes navegan en búsqueda de respuestas y sentido de sus vidas, debéis buscar los caminos para difundir, con nuevas formas, voces e imágenes de esperanza a través de la red telemática que envuelve nuestro planeta con redes cada vez más tupidas
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