Vivimos en un mundo convulsionado donde la familia sufre las consecuencias del deterioro de los valores morales, el materialismo, las crisis económicas y los desafíos que a diario nos obligan a luchar para seguir viviendo. Nuestro Panamá, no es la excepción, y ello sugiere que nuestras familias deben entender que su existencia es un proceso dinámico y requiere de mucha energía, para crear hogares comprometidos a luchar y crecer unidos en armonía, los cuales se conviertan en los pilares que sostienen, edifican y coadyuvan al desarrollo de nuestra primera y más importante institución: La Familia, y en consecuencia al desarrollo y mejoramiento de nuestra bella Nación.
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