Padre, yo soy hebreo

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Uploaded by on Feb 6, 2011

"Padre, yo soy hebreo". Así empezó Roberto Ackerman una pregunta a San Josemaría. El Fundador del Opus Dei no tardó en responderle que los grandes amores de su vida también eran hebreos.

Padre, soy hebreo...
Roberto Ackerman, Venezuela




Asistió a uno de los encuentros multitudinarios que en febrero de 1975, Josemaría Escrivá de Balaguer tuvo en Venezuela. Treinta años después recuerda: "Fui invitado por un amigo de la Obra para que conociera al 'Padre' (San Josemaría).

Tenía una curiosidad sana de conocerle, y ahora siempre llevo una foto del fundador del Opus Dei conmigo, y de vez en cuando hablo con él. No le rezo, porque no soy de la misma religión, pero pienso que él debe estar en el mismo Cielo con Papá Dios.

Quería saber cual era su posición frente a los judíos y empecé diciéndole:
- Padre, yo soy hebreo...

Inmediatamente me dio la respuesta:
--¡Hebreo! Yo amo mucho a los hebreos, porque amo mucho, con locura, a Jesucristo, que es hebreo. No digo era, sino es... Jesucristo sigue viviendo, y es hebreo como tú. Y el segundo amor de mi vida es una hebrea, María Santísima, Madre de Jesucristo. De modo que te miro con cariño: ¡sigue!

El Fundador señaló el amor que sentía por los judíos, por María, por Jesús, que eran judíos. Fue una expresión totalmente abierta.

Yo nunca me imaginé que iba a darme una respuesta de este tipo. Expresó su sentimiento ante el judaísmo como un amor muy puro, recordando lo que tienen en común las dos religiones, porque las dos religiones tienen una base común.

Lo recuerdo vivamente, como si fuera hoy. Me dejó una experiencia muy marcada. Luego me pidió que le perdonara, porque no me había dejado hacerle la pregunta. Yo le dije:
--¡Yo creo que la pregunta ya está respondida, Padre!
http://www.es.josemariaescriva.info/articulo/mi-mayor-amor-un-hebreo-jesucristo
18 Enero 2010
Roma. Una visita con un acento más puesto en el futuro que en el pasado: este podría ser uno de los rasgos que caracterizaron la presencia de Benedicto XVI en la sinagoga de Roma, la tarde del 17 de enero. Durante las dos horas largas que el Papa pasó allí no faltaron referencias a los conflictos del pasado y a los puntos polémicos del presente, pero el énfasis estuvo más en lo que cristianos y hebreos pueden hacer unidos por el bien de la humanidad.




El Papa invitó en su discurso a trabajar juntos a partir de las raíces comunes de los Diez Mandamientos. El rabino jefe de Roma, Riccardo di Segni, se había referido momentos antes también a esas "visiones compartidas" en defensa del ambiente, de la santidad de la vida, de la libertad y de la paz. Se trata, dijo, de un empeño que debe implicar a hebreos, cristianos y musulmanes. Al acto asistió una delegación musulmana de la mezquita de Roma.
En los días anteriores, la prensa se había hecho eco de las divisiones en el seno de la comunidad judía italiana --formada por unas cuarenta mil personas, con su centro principal en Roma--, a propósito de la oportunidad o no de la invitación que el rabino jefe de Roma y la comunidad romana había formulado al Papa. Una minoría, representada por el ex rabino de Milán, Giuseppe Laras, fue expresión de cuantos se mostraron contrarios a la invitación. De hecho, el rabino no asistió al encuentro.
La presencia de Benedicto XVI en la sinagoga de Roma no tenía el "valor mediático" de ser "la primera vez": Juan Pablo II, en efecto, visitó la sinagoga romana en 1986, convirtiéndose en el primer Papa --después de san Pedro-- que lo hacía; para el mismo Benedicto XVI era la tercera vez en su pontificado que era huésped de una sinagoga, después de las de Colonia y Nueva York.
A pesar de no ser una primicia, la visita era muy esperada por su valor simbólico. La comunidad judía de Roma, con más de dos mil años de presencia ininterrumpida, es una de las más antiguas de la diáspora occidental. A pesar de que la sinagoga está situada a poco más de un kilómetro de la basílica de San Pedro, la distancia psicológica se ha mostrado en muchas ocasiones inmensamente mayor. En este caso, además, se unía que el protagonista fuera precisamente un Papa de nacionalidad e inconfundible acento alemán: un dato de fuertes connotaciones emotivas en las generaciones que vivieron la II Guerra Mundial.
Tono cordial
El tono de la visita fue amable y cordial, con numerosos aplausos y momentos emotivos, como el saludo del Papa al ex rabino Elio Toaff, de 95 años, que recibió a Juan Pablo II en 1986; el homenaje a la lápida que recuerda a los 1.021 judíos romanos deportados a los campos de exterminio, de los que regresaron solo 17; el recuerdo y saludo, con el Papa que aplaudió de pie, a los supervivientes de aquellos pocos (un gesto que conmovió a los presentes);
http://www.aceprensa.com/articulos/2010/jan/18/benedicto-xvi-en-la-sinagoga-d...

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  • que curioso...en chile y en venezuela sucedió el mismo caso... revisen en internet el caso chileno.

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