En un triste día de una de las muchas revoluciones de nuestro siglo a principios de agosto de 1936 los milicianos fusilaban también a un gitano en la localidad de Barbastro, en España, junto con otras 18 personas, la mayoría sacerdotes y religiosas. Era un gitano sin importancia desde un punto de vista político, que hasta se hubiera podido salvar si sólo hubiera sido más «prudente». Pero él, ante el pelotón de ejecución, levantó el rosario y gritó: «¡Viva Cristo Rey!».
Una muerte por la fe
Ese gesto y esas palabras tienen valor simbólico: un pueblo no se identifica con un territorio nacional o con un idioma, sino con relación a una cultura en la que están presentes también valores religiosos por los cuales vale la pena incluso morir.
El gitano que murió fusilado el 9 de agosto de 1936 estaba empadronado como Ceferino Giménez Malla, pero para sus hermanos gitanos era «el Pelé». Lo habían arrestado quince días antes porque, al ver que los milicianos detenían a un sacerdote por la calle, se había puesto a gritar: «¡Insolentes! ¡Tanta gente para poner preso a un cura!».
Los milicianos le habían vaciado los bolsillos, encontrando un rosario. Lo llevaron, con el sacerdote, a una cárcel improvisada: el convento de las Capuchinas, donde ya había 350 detenidos. La situación era delicada y estaba dominada por los humores de la plaza y de los milicianos. Era preciso tener «prudencia», no irritar a los revolucionarios. La hija adoptiva, Pepita, de 12 años, le llevaba de comer a la cárcel todos los días. Papá Pelé la hacía permanecer un poco con él y juntos rezaban el rosario. En la cárcel, todos «rezaban el rosario y oraban» (Summ., p. 23), pero el Pelé era incansable en la oración: «el rosario significaba la fe en Cristo». Los carceleros estaban muy enojados con eso y muchos de los presos aconsejaban al gitano que fuera más discreto y «prudente».
El Pelé no tenía ninguna importancia política y, en una situación como la que había en España, recién estallada la revolución, se pensaba que una figura como la del Pelé no tenía nada que pudiera perjudicar a los revolucionarios. Por esto alguien pidió ayuda a un anárquico de Barbastro, Eugenio Sopena, uno de los miembros más influyentes del comité revolucionario, que estimaba a nuestro gitano y vivía en un apartamento situado en el mismo edificio donde vivía el Pelé. Sopena hizo presión, pero le respondieron que el gitano ejercía influencia en los presos desde un punto de vista religioso. Por tanto, debía comenzar por eliminar el rosario y dejar de rezar. Sopena le pidió varias veces que le entregara el rosario: «¡Te matarán!», le decía, pero era inútil. También la pequeña Pepita insistía: «Dame el rosario, bótalo, que podría pasarte algo». Un testigo declaró en el proceso de beatificación: «Quizás se hubiera salvado de la muerte (...). Tal como estaban las cosas en ese momento, el siervo de Dios sabía que lo fusilarían si no renegaba de la propia fe».
Lindo documental, podrian hacer una pelicula sobre "El Pelé", en TVE, protagninzado por Alfredo Landa en el rol del gitano beato.
titogonzalez23 4 weeks ago in playlist Reportajes en Linea