Sólo dura 9 segundos, pero resume un tema que surge a todo lo largo de la biografía: la perplejidad de un hombre que fue víctima, desde niño, de unas facultades que no podía comprender. No pudo comprenderlas nunca y eso le hizo vivir en una perplejidad absoluta. Tal vez porque nunca se resignó a no encontrar una explicación, vivió siempre hacia dentro, aparentemente desconectado del mundo que le rodeaba. A los setenta y ocho años, en la entrevista concedida a Josep María Espinas en la televisión de Cataluña, Fassman acepta con humildad y, entonces, sí, con resignación, que no ha encontrado ninguna explicación posible.
Espinás: Profesor Fassman, cómo se lo explica, si es que se lo explica.
Fassman: Son cosas que no se explican. No sé. Son cosas que no se explican.
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