El ejemplo que el apóstol Santiago nos da es el siguiente:
Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. (Santiago 5:7)
En sentido figurado, quizás alegórico de una comparación y aplicación espiritual a este texto, el fruto precioso y hermoso del cual habla este texto, se refiere a la gran cosecha de almas, a los seres humanos salvados, cambiados y transformados como resultado de la predicación del evangelio y de la semilla de la palabra que ha sido sembrada en los corazones.
Nosotros somos ese fruto, somos el precioso fruto de la tierra. Tú eres fruto preciado de lo que Dios está haciendo, tú eres el resultado y el fruto de la bendición de Dios.
Dicen los versos que leímos, que el labrador espera el preciado fruto de la tierra, aguardando con paciencia la lluvia temprana y la tardía. Y cuando nos referimos a la primera lluvia o a la lluvia temprana y tardía, hablamos de la lluvia copiosa en el calendario de la siega, que prepara el terreno, riega la semilla, la hace producir y germinar, perfilándose a una gran cosecha.
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