Escribo esto bajo una fuerte tensión mental, ya que cuando llegue la noche habré dejado de existir. Sin dinero, y agotado mi provisión de droga, que es lo único que me hace tolerable la vida, no puedo seguir soportando más esta tortura; me arrojaré desde esta ventana a la sórdida calle de abajo. Pese a mi esclavitud a la mujer fatal , no me considero un débil ni un degenerado. Cuando hayan leído estas palabras atropelladamente improbiozadas, quizá se hagan idea -aunque no del todo- de por qué tengo que buscar el olvido o la muerte...
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