Para el hombre antiguo, todo lo que sucede tiene un sentido y todo gira en torno a él. Las desgracias son castigos infligidos por espíritus que median a favor de terceros. En la propia lengua han quedado grabadas sus creencias mágicas: el mal de ojo se denominaba en latín "fascinum" y ahora nosotros "fascinamos" con la mirada o la palabra; entre los griegos, la "eudaimonía" era la felicidad, un estado de bienestar ("eu") otorgado por los "daímones" o espíritus.
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