Caballos en unas campas de San Miguel de Basauri que pasan toda su vida atados a un puntal con una cuerda o cadena de no más de cinco metros y que su "dueño" no asiste ni con comida ni agua habitualmente. Los caballos no pueden cobijarse ni del frio, ni de la lluvia, ni del calor, están permanentemente condenados a su cadena perpetua en estas campas sin poder correr libremente.
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