Quemamos simbólicamente al monstruo especulativo e insaciable en la Noche de San Juan, cuando, desde muy antiguo, se celebra un cambio de ciclo, en que lo nuevo supera a lo viejo. En las hogueras, la gente arroja lo que ya no sirve, lo que se ha convertido en un peso que no aporta ya a la vida, y del que hay que aligerarse.
Así, que queremos dejar atrás la voracidad insaciable, del monstruo especulativo, la de los mercados y la banca. Hicimos el ancestral ritual de echarlo a la hoguera y una simpática obra teatral en que muchos pudieron participar
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